Durante siglos Stirling fue el punto más bajo en el que podía tenderse un puente sobre el río Forth, y el castillo, en lo alto de su peñasco volcánico, dominaba el único camino practicable entre las Tierras Bajas y las Tierras Altas. «Quien tiene Stirling tiene Escocia», rezaba el dicho, y por eso dos de las batallas más famosas de la historia escocesa, Stirling Bridge (1297) y Bannockburn (1314), se libraron a la vista de sus murallas.
Hoy esta pequeña ciudad es una de las paradas más gratificantes del país. El palacio renacentista del castillo ha recuperado los colores de la década de 1540; una Old Town adoquinada se descuelga por la ladera a sus pies; y la torre del National Wallace Monument se alza en la cresta boscosa del otro lado del río. Súmale el castillo de Doune, los Kelpies y el borde de los Trossachs, todo a menos de media hora, y Stirling llena sin esfuerzo uno o dos días.
Lo imprescindible
- El castillo de Stirling: el Palacio Real, el Great Hall y vistas hasta donde empiezan las Tierras Altas
- Subir al National Wallace Monument
- La Old Town: la Church of the Holy Rude, la Old Town Jail y el Back Walk
- El centro de visitantes de la batalla de Bannockburn
- El castillo de Doune, famoso por los Monty Python y por Outlander
- Los Kelpies y la Falkirk Wheel



Cuánto tiempo quedarse
Un día basta para el castillo, la Old Town y el Wallace Monument. Quédate una noche para añadir sin prisas Bannockburn, el castillo de Doune o los Kelpies, o para usar Stirling como base para los Trossachs.
La mejor base
Alójate en la Old Town o cerca de la estación para ir andando a todas partes. Bridge of Allan, un pueblo balneario victoriano a pocos minutos en tren hacia el norte, y Dunblane, con su catedral, son alternativas agradables.


